Empieza ¡ya! a comer bien
El cambio de estación es perfecto para mejorar tus hábitos alimenticios e incluso comenzar una dieta. Mejorar tu salud, controlar el peso, eliminar las toxinas acumuladas durante el verano… es el momento de depurar tu cuerpo y cambiar tu forma de comer.
En vacaciones nos saltamos todas las reglas, entre ellas, los buenos hábitos alimenticios: comemos a destiempo, nos saltamos ingestas, abusamos del alcohol y los dulces, recurrimos a platos precocinados fáciles de preparar, bajamos la guardia con la fast food, nos pasamos de calorías y cantidades… A la vuelta se hace necesaria una cura desintoxicante para eliminar toxinas y preparar nuestro organismo para los requerimientos físicos de la nueva estación.
Si te sobra algún kilo, el otoño, junto con la primavera, es el momento ideal para hacer dieta, ya que no estamos expuestos a la gran pérdida de sales minerales producida por el calor ni necesitamos tantas calorías como cuando llegan los meses fríos.
Para empezar la nueva temporada ligera pero llena de energía, te proponemos introducir en tu día a día algunos hábitos dietéticos que pueden cambiar no sólo tu línea y tu salud, sino tu vida.
Fuera toxinas
Si te sientes hinchada, con el estómago pesado y la piel cetrina, puedes hacer una cura desintoxicante de uno o varios días para que tu organismo se limpie desde dentro. Lo primero es eliminar totalmente de tu dieta, durante el máximo de tiempo posible, el alcohol, las grasas, los dulces, los azúcares, la comida precocinada y la fast food.
Procura reducir la ingesta de hidratos de carbono y potenciar la de proteínas bajas en grasa: pescado blanco o azul, carnes magras, huevos, frutos secos, fiambre de pavo bajo en grasa…Dale prioridad total a las frutas y verduras en cualquier forma: ensaladas, piezas de fruta fresca, zumos, batidos, cremas de verduras…
Algún día a la semana puedes cenar sólo fruta o un batido desintoxicante (por ejemplo a base de apio, zanahoria y manzana). Toma mucha agua, infusiones, caldos y purés (también puedes pasar algún día sólo a base de líquidos, sin ingerir nada sólido, para que tu estómago descanse).
Durante todo un mes, procura seguir una dieta compensatoria elaborada con menús súper ligeros que incluyan los alimentos que te hemos recomendado. Poco a poco, a medida que avance el otoño, ve introduciendo alimentos más energéticos, sanos y propios de la estación.
Ideas de menús ligeros. Arroz blanco con brotes de soja, zumo de tomate y una rodada de papaya. Ensalada fría de lentejas con pimiento rojo, pimiento verde, cebolla y perejil picado, una rama de brócoli cocido aliñado con vinagreta y una rodaja de piña. Puré de verduras, una rodaja de merluza cocida y un yogur desnatado. Tomate con mozarella y albahaca, una lata de ventresca de atún con el aceite escurrido y un plátano pequeño.
Cambia tus hábitos
Con la nueva estación el organismo debe adaptarse para afrontar el frío y la disminución de luz solar. Nuestro cuerpo aumenta su gasto energético como respuesta ante la disminución de las temperaturas, por lo que la ingesta de energía durante el otoño y, sobre todo el invierno, debe ser mayor que en verano. Pero no conviertas esto en una excusa para ganar peso sino en un motivo para comer más sano y ligero.
El aumento del gasto energético y el clima templado y húmedo típico del otoño también nos hace más vulnerables ante la agresión de gérmenes, ya que la capacidad defensiva de nuestro sistema inmunológico puede verse afectada. A través de la alimentación puedes prevenir los resfriados y gripes característicos de la época.
El descenso de la temperatura y de las horas de luz también favorece la aparición de estrés y depresión, a los que tienes que plantarles cara con una dieta variada y equilibrada.
A la hora de preparar tus menús, dale prioridad a los alimentos típicos de temporada, mucho más frescos y nutritivos, y los ideales para esta época del año. Olvídate de las grandes superficies, pásate por un mercado y pide legumbres, patatas, setas, frutos secos, acelgas, espinacas, alcachofas, calabaza, col, coliflor, coles de Bruselas, champiñones, guisantes, habas, judías verdes, puerro, cardo, remolacha, rábano, lechuga de hoja de roble, berros, cebollas, ajos y puerros (estos últimos combaten las afecciones respiratorias).
Arriba los cítricos. Los cítricos son las frutas más características del invierno y constituyen una importante fuente dietética de vitamina C y fibra. Que no falte cada día en tu desayuno un zumo natural de naranja o pomelo, y entre horas o como postre, las mandarinas.
Cambia el azúcar por miel. Además de constituir una buena fuente de energía, ayuda al organismo en la eliminación de bacterias patógenas.
Arriba las legumbres. Son el alimento ideal para suministrarte la energía que necesitas en esta época del año sin aportarle grasas a tu organismo.
A más calorías, más ejercicio
La ingesta calórica recomendada en las estaciones frías puede derivar en un aumento de peso, debido a que la energía ingerida sobrepasa la consumida a pesar del aumento de las demandas por parte del organismo. Por eso es tan importante que introduzcas entre tus hábitos de vida diarios dosis de ejercicio físico moderado: apúntate a un gimnasio, contrata un entrenador personal, camina por la ciudad, sal al campo los fines de semana…
Come ‘eco’, vive ‘eco’
Si quieres empezar a comer bien, cambia tu mente y empieza a pensar en verde, por tu salud y por tu entorno. Los alimentos “bio” son más sanos, ya que están producidos sin pesticidas ni conservantes, y tienen mucho más sabor. Pero no sólo puedes ser ecológica en la mesa: ir al súper con tu carrito para evitar las bolsas de plástico, separar la basura, comprar alimentos con poco embalaje, evitar los alimentos precocinados (más contaminante y menos sanos por su proceso de elaboración), ahorrar agua al cocinar o al poner el lavavajillas, preferir restaurantes respetuosos con el medio ambiente… éstos y otros pequeños gestos no sólo mejorarán tu salud y tu aspecto sino que te harán ser respetuosa con tu entorno.
Si los productos “bio” te resultan más caros, ajusta tu presupuesto ahorrando en otras cosas. Por ejemplo, llévate la comida al trabajo en lugar de comer de restaurante, sin duda, será mucho más sano y barato para ti.
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