Vigorexia: locos por el deporte

Vigorexia: locos por el deporteCuando se miran al espejo se ven enclenques, quieren tener un cuerpo perfecto y eso conlleva tener el mayor músculo posible. No ven los límites, el deporte se convierte en su vida y en ocasiones también en su muerte.

No es un trastorno de la alimentación pero tiene muchos puntos en común con la anorexia. Ambos enfermos, cuando se miran al espejo, contemplan una imagen que no se corresponde con la realidad: unos ven a una chica gorda, otros sólo un saco de grasas y huesos y nada de músculos.

A esta enfermedad se la conoce con el nombre técnico de dismorfia muscular, y aunque su diagnóstico es reciente ya son muchas las personas que la sufren. Junto con la anorexia y la bulimia es otra de las patologías que surgen con fuerza en el siglo XX como consecuencia de un exagerado culto a la imagen.

Obsesiones sin sentido

En esta ocasión el deporte deja de practicarse como una diversión o como una forma de beneficiar a la salud. El único objetivo que persiguen los vigoréxicos es aumentar hasta el infinito su masa muscular que para ellos nunca llega a ser suficiente. Sus visitas al gimnasio se convierten en un ritual que puede llegar a alcanzar varias horas diarias y cualquier fallo en esta rutina les crea una impresionante sensación de culpa.

El hecho de convertir las salas de musculación en su segunda casa les aísla del resto de las actividades sociales y sólo entran en contacto con gente que se mueve en el mismo círculo que ellos y que también han hecho del deporte una religión. Además, ni siquiera a estas personas pueden llamarlos verdaderos amigos ya que se genera entre ellos una competición por alcanzar la máxima musculatura. Las consecuencias físicas también son muy espectaculares, se produce una desproporción muy acusada entre cuerpo y cabeza. Las articulaciones y los huesos se debilitan debido al peso extra que soporta diariamente el esqueleto y se produce un acortamiento de músculos y tendones.

La personalidad de un vigoréxico no varia mucho de la de alguien que sufre anorexia o bulimia. Son personas poco maduras, introvertidas, con baja autoestima y un fuerte rechazo hacia su imagen. Son muy exigentes consigo mismos y bastante obsesivos.

El peligro de las sustancias dopantes

Aunque esta enfermedad no es estrictamente un trastorno de alimentación también influye muchísimo en este campo. Las grasas son eliminadas por completo de la dieta y sustituidas por hidratos de carbono y proteínas, lo que hace que el hígado tenga que trabajar en exceso.

Los problemas realmente llegan cuando comienzan a utilizarse sustancias dopantes como los anabolizantes o los esteroides. Es cierto que estos componentes ayudan a obtener más masa muscular pero son infinitamente más dañinos que beneficiosos. Aumenta el riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares, lesiones hepáticas, disfunciones eréctiles, disminución del tamaño de los testículos o mayor propensión a sufrir cáncer de próstata. Si son mujeres las que toman estas sustancias los problemas se incrementan ya que se produce una masculinización del cuerpo, lo que hace que se interrumpa el ciclo menstrual, que cambie la voz o que salga más pelo por el cuerpo.

Un tratamiento a base de paciencia

El tratamiento de esta enfermedad es tan complicado como cualquier otro relacionado con la mente. Lo primero es concienciar al enfermo de que de verdad está sufriendo un trastorno. Es muy importante hacerles ver que la imagen reflejada en el espejo no es como ellos la perciben y que tienen que modificar su conducta respecto a su cuerpo.

Evidentemente el entorno afectivo del vigoréxico desempeña una labor fundamental en el tratamiento de esta enfermedad, aunque la ayuda de expertos es fundamental ya que los individuos que sufren este desequilibrio tienden a ser fuertemente depresivos.

No debemos confundir la práctica habitual de un deporte con la vigorexia, ya que ir diariamente al gimnasio a practicar aeróbic o algún otro deporte no es un factor de riesgo, son muchos las causas que tienen que converger para que se dé este trastorno.

Seccion: Enfermedades
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